Comida rápida, ¿Por qué nos gusta tanto?

La comida rápida, o fast food, es una de las dietas más seguidas por la sociedad de hoy en día, convirtiéndose en toda una referencia alimenticia para algunas familias.

 

Debido a las tendencias actuales, a las maratonianas jornadas laborales y a factores de presión como la publicidad, la comida rápida, se establece como una opción que siguen a diario millones de personas en todo el mundo.

 

Pero, ¿Sabemos realmente cuáles son los trucos que usan para engancharnos? ¿Qué nos atrae tanto de la comida rápida?

 

Estas son sus técnicas:

 

  • Rapidez de servicio: El comer en un restaurante de comida rápida es una experiencia fugaz. Todo está hecho para que devores rápidamente la comida y apenas tengas que esperar. Los tiempos de espera para recoger tu pedido apenas superan los 5 minutos, y la inmediatez del servicio ayuda a que siempre se llenen estos lugares.

 

  • Horarios amplios: Debido al actual ritmo de vida, es una ventaja muy atrayente la horquilla horaria que ofrece cualquier restaurante de comida rápida. Con establecimientos abiertos ininterrumpidamente en jornadas que van desde las 14 hasta las 24 horas inclusive.

 

  • Precios económicos: Normalmente, los restaurantes de comida rápida permiten comer por unos pocos pesos, lo que hace aumentar la atracción de numerosa y variada clientela, sobretodo adolescentes con poco poder económico.

 

  • Amplia red de establecimientos: La invasión y cantidad de restaurantes de comida rápida, hace que encontrar uno, estés donde estés, sea una tarea bastante sencilla.

 

 

¿Qué tipo de productos ofrece la comida rápida?

 

Como hamburguesas, salchichas y papas fritas acompañadas de salsas diversas (mayonesa, mostaza, ketchup…)

 

Los de procedencia mediterránea, como pizzas, bocadillos, tapas y kebabs. Por sus características nutricionales, la comida rápida de estilo mediterráneo o árabe se puede considerar más saludable que la de estilo sajón.

 

¿Qué problemática plantea la comida rápida?

 

Excesiva energía

 

Con tan sólo una comida  rápida se ingiere más de la mitad de la energía diaria necesaria. Si a ello añadimos la energía aportada por el resto de comidas del día, el contenido energético de la ingesta total se dispara y se favorece el exceso de peso.

 

Demasiada grasa y colesterol

 

Las grasas saturadas, en exceso, tienden a aumentar los niveles de colesterol en sangre, y  estos productos, debido a las salsas a base de huevo, mantequilla y otros ingredientes grasos que se emplean en su elaboración, y a los aceites de coco y palma que se usan en la fritura, están cargados de colesterol.

 

Digestiones difíciles

 

En la mayoría de las ocasiones los alimentos están fritos, empanados o rebozados, por lo que se enriquecen en grasa, que calentada resulta aún más indigesta. Esto supone que a la hora de conciliar el sueño se nos presente un problema, ya que la mayoría de las veces que consumimos comida rápida, lo solemos hacer en la cena.

 

Abundantes aditivos

 

Contienen más sal que los que se preparan en casa, ya que el sodio se utiliza como conservante.

 

Para conseguir mejor aspecto en cuanto a color, olor, sabor y textura llevan añadidos conservantes, colorantes, anti apelmazantes, estabilizantes, etc.

 

potenciadores  del sabor, que estimulan el apetito y, con el tiempo, alteran la percepción del sentido del gusto y crean hábito, sobre todo en los niños, que al estar en periodo de formación de adultos rechazarán los saberes naturales.

 

Fuente: este post proviene de Diesalud, y la edición es de facilísimo.com

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